
En Novela teatral, su última e inconclusa novela, habla sobre el extraño mundo de los actores y las escenografías, la delgada línea que separa a la realidad de la representación y, sobretodo, acerca del valor del arte en un mundo regido por inoperantes o por idiotas. El protagonista ha escrito una novela de la que todo el mundo se mofa en sus propias narices y, cuando por una serie de circunstancias, un funcionario del Teatro Independiente le propone convertir el libro en una obra teatral, emprenderá un prolongado viaje repleto de incertidumbres y decepciones. Ese viaje está destinado a mostrarle las peores bajezas del mundo del Arte y, al mismo tiempo, a revelarle su completa insignificancia como creador.
Esta novela quedó trunca a la muerte de Bulgákov, el 10 de marzo de 1940. El profundo pesimismo que, página tras página, se va apoderando del personaje central actúa como un motor siniestro de aprendizaje y maduración. Esto es el arte, parece decir Bulgákov. Una función extraña donde nada parece tener lógica y donde las leyes más elementales, como en los regimenes totalitarios, están subvertidas, alteradas. No se conoce el final que Bulgákov había planeado para su obra pero se intuye contundente y visceral, tan contundente y visceral como las obras de todos los artistas que se enfrentan con los ojos abiertos a la Creación.
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